martes, 18 de octubre de 2016

El precio del NO


El Ministro Principal de Gibraltar Fabian Picardo contesta al Ministro de Asuntos Exteriores español en relación al aprovechamiento político que Margallo quiere sacar del Brexit



Fabián Picardo 
Abogado y político gibraltareño, líder del Partido Socialista Laborista de Gibraltar y Ministro Principal del Peñón






Es en los momentos de dificultades cuando uno se da cuenta de quiénes son sus verdaderos amigos. En 1984, Gibraltar adelantó dos años –España ingresó en la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1986– los derechos comunitarios a los españoles que trabajaban en el Peñón. ¿Cuál fue el precio? La completa apertura de una frontera entre España y Gibraltar que cerró el dictador Francisco Franco en 1969.

Hoy, cuando Gibraltar se enfrenta a la salida de la Unión Europea (UE) por el Brexit –no deseada por el 96% de los gibraltareños–, España, a través del ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, nos ofrece permanecer como parte de la UE. Lo hace presentándolo como un gran premio: desbloqueo de la legislación europea que hoy no se aplica en Gibraltar, garantías para el funcionamiento del nuestro centro financiero –regulándolo como ya lo está hoy–, ofrecimiento de nacionalidad española para los británicos que así lo deseen, etc.

Pero, ¿a cambio de qué? El precio que fija el señor Margallo es que los gibraltareños aceptemos la soberanía española conjunta con la británica sobre Gibraltar, algo que el pueblo de Gibraltar rechazó en referéndum en 2002, cuando otro Gobierno del PP lo propuso.

Todo aquel que conozca el llamado ‘contencioso’ sabe que reclamar al pueblo de Gibraltar, al que represento, que deje de ser exclusivamente británico, es pedir que nos rindamos. Y ¿cuáles serían las consecuencias de no aceptar la oferta? En el guión del señor Margallo –tras una legislatura completa de desplantes y descalificaciones e intentos de estrangulamiento institucional, económico y en la frontera– está ahora presentar una oferta sin amenazas, más amable. Pero sabemos por sus declaraciones anteriores cuál sería el precio real de rechazar su oferta. Entre otras, nos ha advertido de que “No aceptar la cosoberanía es un mal negocio … fuera de la UE hace mucho frío” o de que podría ejecutarse el cierre de la frontera porque “Es frontera exterior, no tienes ningún tipo de restricción … no hay libre circulación, tú puedes cerrar la verja”, –según sus palabras–.

Sabiendo cuáles serían las verdaderas consecuencias de nuestro rechazo, los gibraltareños consideramos que estamos ante una coacción en toda regla. O aceptamos rendirnos en nuestro deseo casi unánime de seguir siendo exclusivamente británicos o nos exponemos nosotros y los miles de trabajadores españoles, todo Gibraltar y todo el Campo de Gibraltar a las consecuencias del chantaje que ha venido detallando el señor Margallo.

Si antes no queríamos ser españoles, imaginen cuál es ahora nuestro sentimiento cuando en vez de un amigo nos encontramos ante alguien que se frota las manos, al acecho de nuestra pequeña nación, de nuestra reducida geografía.

Por eso, más aún si cabe, la bandera española está más lejos que nunca de ondear sobre el Peñón. Por nuestra parte, no atenderemos a las amenazas, ni a las veladas ni a las explícitas, pero seguiremos firmemente apostando por la buena vecindad, la convivencia y por el aprovechamiento mutuo de las enormes posibilidades de todo tipo de colaboración entre Gibraltar y el Campo de Gibraltar, como quedó demostrado en el Foro Tripartito de Diálogo y como desea la población de Gibraltar y el Campo.

sábado, 8 de octubre de 2016

Promesas envenenadas



Es verdad que en Gibraltar estamos muy hechos que desde el Reino de España los políticos nos amenacen sin descanso y continuamente. No aprenden que las amenazas nunca sirvieron en Gibraltar, que las amenazas y la política dura que la derecha española emplea para 'castigarnos' no les sirve de nada. Que nos hacen más fuertes, más unidos y más convencidos de cual es nuestra unica identidad y de lo que nunca vamos a querer ser. Y no tenemos porqué justificarnos por ello.

Dice Garcia Margallo que las condiciones que ofrece para la co-soberania son inmensas de beneficiosas y que las oportunidades se abren para los gibraltareños y que seremos nosotros mismos que tendremos que convencernos de ello. Pero al mismo tiempo y al igual que si fuera Dr Jekyll y Mr Hyde, nos amenaza con poner su bandera en el Peñon, por otro lado también nos ordena que no tendremos más remedio que aceptar su propuesta de co-soberanía, porque de lo contrario, nos hará la vida insoportable en la frontera. Parece nervioso y como si de verdad creyera que el Brexit le ayudará a españolizar Gibraltar. (iluso)

Por lo que se ve y según dice él, ya ha hecho el 'reparto de deberes' entre RU y España, ha explicado y parece convencido de como seriamos gobernados por ambos. Vamos, que pasaríamos a estar doblemente colonizados. (No Way José). Pierden el tiempo inútilmente, porque lo que queremos y por lo que trabajamos es que Naciones Unidas haga justicia y desbloquee la Autodeterminación que nos pertenece y que torpedea España. Nunca seremos españoles. Gibraltar nunca dejará de ser británico. Por más que digan, por más que hagan y porque ese es nuestro derecho. Métanse esto de una vez en la cabeza señores políticos españoles ; Gibraltar es nuestro!








jueves, 6 de octubre de 2016

No way, José, pisha

Periodista político y presidente de la Junta Rectora del Parque Natural Los Alcornocales.



Jorge Bezares; Tiros de papel



PúblicoPocos días después de que Margaret Thatcher muriera en Londres, a mediados de abril de 2013, el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, se enteró que estaría cerca del ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García-Margallo, en los funerales en la catedral de San Pablo.Pocos días después de que Margaret Thatcher muriera en Londres, a mediados de abril de 2013, el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, se enteró que estaría cerca del ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García-Margallo, en los funerales en la catedral de San Pablo. 
Pocos días después de que Margaret Thatcher muriera en Londres, a mediados de abril de 2013, el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, se enteró que estaría cerca del ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel García-Margallo, en los funerales en la catedral de San Pablo.

Llamó a la Embajada británica para que le trasladara al canciller español su disposición a saludarle. La respuesta de García-Margallo fue tan contundente como impropia de un presunto diplomático: “Que ni se acerque”.

Para él, según reiteró en un tono insultante cada vez que pudo, Picardo era un simple alcalde, el alcalde de Gibraltar.

Cuatro meses después, con las relaciones muy deterioradas, Gibraltar creó en sus aguas un arrecife artificial, similar a los cientos que hay en la costa española.

La respuesta de García-Margallo fue tan virulenta política y mediáticamente que Gibraltar vivió durante casi un año la peor crisis que recordaban los llanitos desde el el cierre de la frontera en 1969 durante 13 largos años.

En base a que Gibraltar había arrojado “30 bloques de hormigón con pinchos sobre una zona de pesca de España”, el ministro de Asuntos Exteriores ordenó endurecer el paso fronterizo, con la excusa de la lucha contra los tráficos ilícitos como el contrabando de tabaco, puso en marcha una campaña de descrédito de Gibraltar en los medios españoles más propia de un régimen dictatorial y lanzó una ofensiva internacional para aislar al Peñón.

La batería de medidas afectó seriamente a la convivencia, a la buena vecindad existente y puso en peligro los 10.000 puestos de trabajo ocupados por españoles, sobre todo por ciudadanos de La Línea, una ciudad con un paro por encima del 40%.

La ofensiva se desinfló cuando a finales de julio de 2014 las autoridades de la Comisión Europea dictaminaron que el arrecife artificial no violaba la normativa medioambiental europea.

La gran mentira propagandística creada por García-Margallo para defender supuestamente a los pescadores españoles quedó aún más al descubierto cuando se supo que en la zona donde Gibraltar levantó dicho arrecife estaba prohibido pescar según la normativa de la Junta de Andalucía.

Nadie pidió disculpas, nadie rectificó, nadie abrió una investigación para esclarecer por qué se pescaba donde estaba prohibido –era solo un barco y capturaba bolos o esculpiñas-, nadie admitió que se jugó con la salud de los consumidores de ambos lados de la frontera.

Todo lo contrario, las colas siguieron perturbando la frontera de forma caprichosa, cada vez que a un señor del PP le daba un ataque de testiculina y de patriotismo.

Pues bien, el artista que ha manejado todo este puteo envuelto en una cuestión de Estado, el peor vendedor posible, el que se negó a saludar en privado al máximo representante del pueblo de Gibraltar, se descuelga ahora con una oferta amistosa de cosoberanía para que los gibraltareños puedan sortear el Brexit. Hasta en la ONU lo ofreció con el embajador sudando la camiseta.

Los turistas británicos afincados en España, las exportaciones españolas y los trabajadores españoles de Reino Unido le importan menos que Gibraltar, que Gibraltar, español.

Por no escuchar no escucha ni al Gobierno andaluz, que, en palabras de su vicepresidente, Manuel Jiménez Barrios, no considera prioritario el asunto de la cosoberanía ante las otras cuestiones mencionadas, de mucha trascendencia para Andalucía.

Pero para él, el Brexit es una oportunidad para recuperar Gibraltar, para conseguir ese marquesado que dicen otorgará el Rey de España a quien lo logre. Bueno, en este caso sería cuarto y mitad de marquesado, ¿no?

No way, José, pisha. Y Picardo está claro que no es ningún palomo, y no es previsible que le monten un golpe que le facilite a García-Margallo sus fantasías sexuales, que es colocar personalmente la bandera española con palo y todo en lo más alto del Peñón.


http://blogs.publico.es/jorge-bezares/2016/10/06/no-way-pisha/